La inteligencia Directiva y la Diplomacia Corporativa

Resumen ejecutivo del artículo “La inteligencia directiva y la diplomacia corporativa, excelencia estratégica para la globalización” del Profesor Juan Luis Manfredi, publicado en el FORO DE MARCAS RENOMBRADAS

La diplomacia corporativa es el desarrollo instrumental de la estrategia que ordena la relación con los poderes públicos y privados. Consiste en la defensa de los intereses mediante el empleo de herramientas propias del ejercicio diplomático. Las empresas se convierten en organizaciones diplomáticas, sin menoscabo de otras actividades convencionales de las relaciones económicas internacionales.

La diplomacia corporativa es tarea del primer ejecutivo en la medida que comprende la globalización, adquiere nuevas habilidades y competencias, extiende su red de influencia y moderniza las herramientas de gestión. Los directivos del siglo XXI tienen que ampliar su abanico de habilidades y competencias.

No basta con entender los estados financieros, sino que es necesario saber hablar y comunicar ante los distintos públicos convencionales y digitales, comprender la multiculturalidad, aprender a gestionar en la incertidumbre, abrazar la disrupción tecnológica y ser emprendedor cada día.

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La diplomacia corporativa cobra sentido cuando se descubren las cuatro funciones básicas de la actividad diplomática: representación, negociación y protección y promoción de los intereses.

La representación es la primera de las funciones. Hasta ahora, los máximos dirigentes empresariales, ya fuesen como ejecutivos o como representantes del capital de la empresa, han tenido mayoritariamente un papel orientado casi exclusivamente a la gestión interna con pequeñas incursiones en el ámbito institucional y la opinión pública. La cuenta de resultados depende ahora de más elementos y la reputación que se decide en el marco de la comunicación pública es, desde luego, uno de ellos.

La negociación consiste en la capacidad de llegar a acuerdos sostenibles en el tiempo y que sean capaces de generar ventajas competitivas concretas, sólidas. La personalidad del primer directivo es un activo diplomático que varía según la naturaleza de la compañía. En la empresa familiar, el primer ejecutivo promueve unos determinados valores, apalanca el peso de la historia y ve en la continuidad un activo poderoso..

Nuestra experiencia nos enseña que las estrategias personales que abogan por un resultado que combine los intereses de todas las partes obtiene mejores rendimientos a largo plazo. La visión a largo plazo redundará en la buena reputación de la compañía y en su legitimidad para operar en los mercados.

En su relación con los gobiernos, las organizaciones tienen como objetivo influir en las políticas económicas e industriales de un país. Una segunda modalidad puede ser el establecimiento de relaciones con otras empresas del sector con la finalidad de establecer alianzas, generar coaliciones o emprender nuevos proyectos.

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El conocimiento del medio en el que se desenvuelve una compañía puede ser la única vía para anticiparse a los cambios. Resulta más competitivo el conocimiento exacto de la evolución política y social de las instancias claves con las que una organización debe tener en cuenta cuando diseña su estrategia. En esto consiste la inteligencia directiva.

La protección se concreta en dos áreas de la organización. En primer lugar, las personas, que son el motor de la internacionalización. La experiencia diplomática tiene que servir para tejer una red de profesionales que combine las decisiones estratégicas del centro con su aplicación táctica en cada uno de los mercados destino. El segundo eje de protección es la cadena de suministros globales. Esta visión global de los recursos amplía los requerimientos de los sistemas de seguridad y orienta la inteligencia directiva hacia la protección de aquello que es insustituible: las personas y las materias primas.

La promoción de los intereses de la compañía tiene distintas dimensiones. La transparencia, la comunicación instantánea, las redes sociales y los nuevos medios han convertido a las empresas y a sus dirigentes en influyentes. La arena pública reclama que los empresarios se conviertan en líderes y sean decisivos en la transformación del entorno, en el nuevo capitalismo creativo.

La diplomacia corporativa es una función propia de la innovación directiva en el siglo XXI. La presencia en la arena pública, así como la afectación de la cuenta de resultados por las acciones que en ella se ejecutan, han dado un nuevo sentido a la idea de colaboración y relación con terceros. Es un salto cualitativo en la teoría de los stakeholders, tan en boga en los años noventa. El ámbito público de la compañía es más extenso y, desde luego, no está bajo el control exclusivo de la firma.

La nueva sociedad globalizada multiplica exponencialmente la necesidad de un caudal de información constante, de una presencia continuada y de unas herramientas de gestión de probada eficacia. Asimismo, la transparencia empresarial se ha convertido en un aspecto esencial para operar en los mercados. Ha crecido la demanda de responsabilidad empresarial bajo distintas fórmulas.

El perfil del líder empresarial con poder prácticamente absoluto de antaño ha devenido en la necesidad de un nuevo liderazgo mucho más centrado en el entendimiento, la capacidad de persuasión y la eficacia en la búsqueda de consensos asumibles, en definitiva todo el elenco de características que componen la inteligencia directiva.

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La diplomacia corporativa, por tanto, nace para cubrir las necesidades de liderazgo en las organizaciones globales. Las corporaciones han tomado conciencia de su mayor autonomía frente a los poderes públicos y de las carencias de estos últimos para contribuir rápida y diligentemente en la resolución de sus conflictos y crisis en otros mercados siguiendo el patrón propio de la diplomacia internacional y, al tiempo, de los servicios diplomáticos nacionales.

El diplomático corporativo se guía por la inteligencia directiva, no solo por la cuenta de resultados o la burbuja del resultado de cada trimestre. La alta dirección acompaña las decisiones, pero si se pretende que la diplomacia privada sea exitosa debe contar con el respaldo y la ejecución del primer ejecutivo.

En definitiva, el directivo, en cuanto a diplomacia corporativa se refiere, se convierte en un estadista, una persona capaz de aunar voluntades. En un mercado abierto y competitivo, el empresario es aquel que trata de estar más informado, mejor posicionado y mejor reputado.

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