Conferencia sobre Seguridad Alimentaria en Latinoamérica

¿Cuáles son los beneficios del Modelo Almería, desde el punto de vista de Suficiencia Alimenticia?

Estamos observando un cambio en los objetivos del desarrollo, pasando de un crecimiento vía industrialización a una visión multidimensional que incluye la reducción de la pobreza y la desigualdad, la seguridad alimentaria y la sostenibilidad ambiental.

También estamos identificando un cambio estructural donde el crecimiento de la agricultura se da en sistemas alimentarios globalizados, con la emergencia de cadenas de valor integradas y grandes cambios tecnológicos

América Latina se convertirá en los próximos años en un referente mundial en innovación agrícola. La región cuenta con una inmensa riqueza de recursos de tierra, agua y biodiversidad, con un elevado valor estratégico. Ello permitirá establecer la seguridad alimentaria, entendida esta como “que todas las personas, en todo momento tengan acceso físico, social y económico a alimentos suficientes, inocuos y nutritivos que satisfacen sus necesidades energéticas diarias y preferencias alimentarias para llevar una vida activa y sana”

En el marco de los procesos de globalización que han dominado la economía internacional en las últimas décadas, la creciente interdependencia económica y mayor inserción de las economías en el mercado internacional, han dado paso a una fuerte tendencia a la desregulación y apertura de las economías de los países de la región, como instrumento básico para impulsar las transformaciones productivas y aumentar los volúmenes de su comercio exterior. De economías protegidas se ha pasado a situaciones con un creciente grado de apertura y priorización de las exportaciones agropecuarias.

Todo esto ha permitido reposicionar a la producción primaria, tanto dentro de las economías nacionales como en los mercados internacionales. Sin embargo, los procesos de apertura también han puesto a los sistemas agroalimentarios de la región en contacto más directo con la demanda y oferta internacional caracterizada por una rápida evolución hacia las producciones diferenciadas y con mayor valor agregado.

En general, las áreas y productos que ya estaban integrados al comercio internacional se han visto fortalecidas y beneficiadas, mientras que los sectores tradicionales de la agricultura campesina se ven enfrentados a una creciente pérdida de competitividad y desarticulación productiva.

Estas nuevas tendencias han cambiado significativamente los escenarios en los cuales la rentabilidad y sostenibilidad de las explotaciones agropecuarias se fundamentaba en el uso extensivo de la tierra con bajos niveles de uso de insumos, bajos rendimientos por hectárea y bajos costos de producción; en la actualidad todos los incentivos apuntan, por lo general, en la dirección del desarrollo de estrategias de alta productividad en las que la incorporación de tecnología constituye un componente primordial

La investigación y el desarrollo tecnológico pueden contribuir a reducir la pobreza tanto directa, a través de un aumento en el bienestar de los agricultores, como indirectamente mediante los encadenamientos positivos que existen entre el crecimiento de la productividad y producción agropecuaria y el resto de las variables y sectores de la economía.

El grado de integración agroindustrial es un elemento crítico para lograr un mejor aprovechamiento de las nuevas tendencias. En América Latina el nivel de integración -medido como proporción de productos agroindustriales en el consumo alimentario– no alcanza al 30% frente a niveles de entre el 80 y 90% en los países desarrollados.

Esta brecha es indicativa del potencial que puede representar el desarrollo agroindustrial. De hecho los efectos multiplicadores del sector agroalimentario sobre el resto de la economía– de por si importantes y mayores para los países de América Latina, que en otras regiones del mundo en desarrollo– se incrementarían significativamente cuando al sector primario se le agregan sus encadenamientos agroindustriales

Nuestra propuesta desde la Cámara de Comercio de Almería es precisamente el integrar cada vez más los procesos industriales en la producción agronómica, mediante la aplicación del “modelo Almería” como manera de potenciar el desarrollo económico y consecuentemente conseguir una mayor seguridad alimentaria a nivel regional, aprovechando nuestra experiencia en este ámbito.

Existe un potencial considerable para la mejora agrícola en la región de América Latina, por medio de la intensificación de la producción y diversificación (incluyendo valor agregado). La diversificación será un factor importante para la reducción de la pobreza agrícola, incluyendo la transición hacia la producción de cultivos no-tradicionales de mayor valor comercial, así como actividades que añaden valor agregado, como clasificación, embalaje y procesado, con incremento del empleo y generación de ingresos.

Como colofón de la primera parte se puede afirmar que la región cuenta con posibilidad de desarrollar sistemas de producción agroindustrial de alto potencial mediante un incremento de la competitividad, de la capacitación, de la innovación y de las infraestructuras, estimando que casi un 60% del territorio es susceptible de implantación de cultivo bajo plástico

¿Es adoptable este modelo a cualquier tipo de climatología, considerando la diversidad geográfica?

La región de América Latina cubre alrededor de 2.050 millones de Ha y está conformada por 42 países con una población estimada de más de 600 millones de habitantes.

El tamaño de la región y la gran variedad de condiciones ecológicas favorables que presenta, sumadas a una densidad poblacional relativamente baja de 0,25 personas/Ha han permitido el desarrollo y conservación de niveles extremadamente altos de biodiversidad.

Según el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, (PNUMA), cinco de los diez países más ricos en términos de biodiversidad se encuentran en esta región; además, presenta un 36% de los principales alimentos cultivados y especies industriales.

Parte de esta abundancia surge de las condiciones climáticas relativamente favorables de la región. Esta cuenta con un 40% del total de áreas húmedas y con aproximadamente el 50% del total de los recursos hídricos renovables de los países en desarrollo, con solo el 4% de tierras áridas y semiáridas. Alrededor del 90% del territorio de la región corresponde a tierras húmedas y subhúmedas.

En 2010 la región poseía alrededor de 180 millones de Ha de tierra cultivada, incluyendo 20 millones de Ha bajo riego. Esto representa únicamente el 18% del potencial estimado de la región; además se estima que no más del 1% del agua disponible en la región se utiliza en la actualidad

Esta es la zona en desarrollo más rica del mundo y es también una de las que menos depende de la agricultura (tan sólo un 8% del PIB provenía de este sector en 2010). Puesto que el crecimiento del valor agregado agrícola es menor que para la industria o servicios, es muy probable que esta proporción continúe descendiendo.

La tierra cultivada se ha expandido, en América Latina, un 47% desde 1960; no obstante, la intensidad de cultivo se incrementó en apenas el 1% durante este período. Se proyecta que en el período 2000-2030 ésta experimente un incremento adicional del 20% (dependiendo de la evolución de los sistemas de

producción agropecuaria). No obstante, esta cifra puede estar subestimada, en vista del enorme potencial para la expansión agrícola en determinadas zonas.

Se prevé además que el área irrigada incrementará de 18 millones a 22 millones de Ha durante el período 2000-2030. La eficiencia de riego es baja, y se piensa que únicamente 8,5 millones de Ha del área instalada está en uso. El riego superficial representa aproximadamente el 90% del total de áreas irrigadas.

En relación a los riesgos, debido a su vasta extensión, variada topografía y rica biodiversidad, América Latina y el Caribe presenta la más diversa y compleja gama de sistemas agropecuarios del mundo.

Se han identificado dieciséis sistemas principales, de los cuales 10 son los analizados con los riesgos asociados siguientes:

15.06.03 Presentacion AGRO CAMACOL

[1] Sistema de Producción Agropecuaria con Riego: Aumento de precipitaciones (Perú, Chile), Aumento de las rachas de sequía (México) y Riesgo de sismicidad media – alta en toda la zona Pacífico

[3] Sistema de Producción Agropecuaria Mixto y de Plantación Costera: Huracanes (Caribe), Aumento de las rachas de sequía (Panamá y Centroamérica)

[4] Sistema de Producción Agropecuaria Intensivo Mixto: Altas precipitaciones en el este y centro del Brasil,.

[5] Sistema de Producción Intensivo (Campos): Altas precipitaciones, Aumento de la temperatura media en la zona.

[7] Sistema de Producción Agropecuaria Maíz-Frijol (Mesoamericano): Huracanes (Caribe), Aumento de las rachas de sequía (Panamá y Centroamérica)

[8] Sistema de Producción Agropecuaria Intensivo Mixto de Montaña (Andes del Norte): Reducción de la precipitación (Colombia)

[9] Sistema de Producción Agropecuaria Mixto Extensivo (Cerrados y Llanos): Reducción de la precipitación.

[10] Sistema de Producción Agropecuaria Templado Mixto (Pampas): Reducción de la precipitación (Argentina) y Aumento de la precipitación (Uruguay)

[12] Sistema de Producción Agropecuaria Seco Mixto Extensivo (Gran Chaco): Aumento de las rachas de sequía

[13] Sistema de Producción Agropecuaria Mixto de Tierras Altas (Andes Centrales): Aumento de la temperatura (Bolivia), Modificación de sistemas hídricos (Perú)

Las experiencias recientes demuestran la vulnerabilidad de extensas zonas de la región a la variabilidad climática, incluyendo a la incidencia de huracanes en América Central, a las inundaciones y terremotos en la costa del Pacífico en América del Sur y a la sequía en el Noreste del Brasil.

Se pueden paliar algunos fenómenos como las sequías y desertificación, mediante tecnologías de conservación de humedad en áreas más secas, y este será un fenómeno que se generalizará en varias zonas, por lo que se pueden adoptar mecanismos de reducción de riesgos deben ser fortalecidos.

Pero para finalizar, como hemos analizado de forma somera, los cambios climáticos podrían condicionar los rendimientos potenciales, pero a nivel de impactos específicos el riesgo es medio – bajo y excepto en los casos extremos sin peligro para las explotaciones agrícolas.

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